¿Alguna vez lo has escuchado? (Mitos y mentiras)
- Síamar Educación
- 20 abr 2023
- 3 Min. de lectura
1) Hay que ignorar al niño/a cuando llora por llamar la atención. Debemos entender que los niños y niñas lloran, en muchas ocasiones, porque no conocen otra manera de expresar sus necesidades. Unido a esto, comprender que el afecto y la atención ES una necesidad básica del ser humano (y que tire la primera piedra quien nunca haya pedido atención a su pareja o se haya sentido mal porque lleva un tiempo sin hacerle caso), como seres sociales que somos. ¿Significa esto que el niño/a va a pasar toda su vida llorando para conseguir atención? No, claro: hay que ENSEÑARLE otra manera de pedir atención, para eso somos sus educadores. Pero, de mientras aprende otra manera de comunicarse, reaccionamos a su llanto igual que lo haríamos con un adulto: dándole un abrazo y preguntándole qué necesita.
2) En la crianza respetuosa NO se establecen los límites. La crianza respetuosa se trata de conocer las necesidades de los niños/as para ser respetuosos con ellas, y los niños y niñas NECESITAN tener límites. Ahora bien, los límites no se establecen por gritos o castigos; sino comunicándonos u ofreciendo opciones. ¿Las opciones significan que el niño puede hacer lo que quiere? No, por supuesto que no. Si tiene que lavarse los dientes, tiene que hacerlo. Otra cosa es que pueda decidir hacerlo antes o después de ponerse el pijama, por ejemplo. Se valida que no le guste o no le apetezca lavarse los dientes, pero lo tiene que hacer.
3) Los berrinches se castigan. Los berrinches son una crisis emocional. Los adultos también tenemos berrinches, solo que los mostramos de manera distinta. Cuando un niño tiene un berrinche, necesita apoyo. Nuevamente, esto NO significa que “se salga con la suya”. Le abrazas, le dices que comprendes que esté enfadado, pero sigue sin poder saltarse los límites (ejemplo: tiene un berrinche porque no quiere irse del parque, validas que se enfade y se entristezca porque quiere estar más en el parque, pero es hora de irse a casa).
4) Solo si grito me escucha. Hay muuuuchos motivos por lo que un niño/a pueda no estar escuchándote o no hacer lo que se le ha dicho, como para explicar todos aquí. Pero en lugar de gritar, prueba a ponerte a su altura, asegurarte de que te está mirando y/o escuchando (en niños/as con TEA o discapacidad visual puede que no miren a los ojos pero puedes indicarle que quieres decirle algo para que asienta), y utilizar oraciones simples y cortas, preferiblemente en afirmativo (“no toques eso” podría pasar a “nos ponemos las manos en la espalda”).
5) Los niños buenos son obedientes. Esto podría ser un largo debate, pero, en síntesis: un adulto que fue un niño obediente, no pelea por sus necesidades, tiende a ser conformista y se achanta ante la autoridad o ante relaciones abusivas porque nunca lo enseñaron a defender sus derechos o a tener un pensamiento crítico. Hay que dejar que los niños cuestionen si queremos que sean adultos independientes, que defienden sus derechos y que tienen pensamiento crítico. Hay que tener normas, por supuesto, pero en lugar de imponerlas mediante la autoridad, les hacemos partícipes de las normas, las consensuamos. De esa manera, en lugar de hacerlo por miedo al castigo, lo harán porque están convencidos de que es algo positivo (incluso si les resulta desagradable, como limpiar los platos en su turno).
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